Enseñar a mirar: la importancia del Dibujo Artístico

Estudio a tiza roja de Michelangelo Buonarroti para la Sibila Líbica: torso masculino visto de espaldas, cabeza de perfil y estudios sueltos de manos y pies
La figura construida por dentro antes que por fuera, y las manos y los pies resueltos aparte: el método que Bridgman sistematizaría cuatro siglos después. Michelangelo Buonarroti, Studies for the Libyan Sibyl, ca. 1510–11. The Metropolitan Museum of Art, dominio público.

«Yo no dibujo bien»: dibujar no es un don, es una habilidad

«Yo no dibujo bien.» Es la frase que más escucho el primer día de clase, casi siempre como disculpa antes de coger el lápiz. Llevo años dando Dibujo Artístico y puedo decir que dibujar con dignidad no es un don reservado a unos pocos: es una habilidad que se entrena, como aprender violín o ajedrez, con voluntad y un buen guía. Esa es la primera idea que desmonto en clase, y también la primera lección de mi propio manual de la asignatura.

Dibujar no empieza en la mano, empieza en el ojo

Lo que más me interesa transmitir es que dibujar no empieza en la mano, empieza en el ojo. Antes de tocar el papel hay que aprender a ver: distinguir líneas de contorno y estructurales, leer los espacios negativos entre la forma y el fondo, captar la proporción entre las partes y entender cómo caen las luces y las sombras. Quien no ha entrenado la mirada dibuja de memoria, con símbolos aprendidos de niño, y por eso le «sale un garabato». El dibujo es un lenguaje propio, con su gramática y su vocabulario, tan legítimo como la palabra escrita para mostrar lo que vemos, pensamos y sentimos.

Dibujo a pluma de Alberto Durero: autorretrato juvenil, estudio de una mano alzada y de un almohadón con pliegues
Durero, a los veintidós años, se dibuja a sí mismo, su propia mano y los pliegues de un almohadón: puro entrenamiento de la mirada. Albrecht Dürer, Self-portrait, Study of a Hand and a Pillow, 1493. The Metropolitan Museum of Art, dominio público.

Dibujar con el lado derecho del cerebro

Por eso una de mis unidades favoritas es la de «dibujar con el lado derecho del cerebro». El cerebro tiene dos hemisferios con funciones distintas, y el reto en el aula es que el alumnado desconecte el izquierdo —el que nombra, categoriza y juzga si algo está «bien» o «mal»— para dar paso al derecho, el que observa giros de líneas y relaciones espaciales sin etiquetarlas. Cuando alguien deja de pensar «esto es una nariz» y dibuja simplemente la línea que tiene delante, el cambio es inmediato. No es magia: es percepción entrenada.

Apunte a pluma y aguada de Rembrandt: mujer con tocado inclinada sobre un libro abierto, leyendo
Cuatro trazos y una mancha de aguada: Rembrandt no nombra nada, sólo anota lo que ve. Rembrandt van Rijn, Woman Reading. The Metropolitan Museum of Art, dominio público.

Cuatro maestros: Edwards, Speed, Bridgman y Aristides

Esta idea no la he inventado yo. Betty Edwards convirtió esa distinción entre los dos modos de ver en el eje de toda una metodología, y explica mejor que nadie por qué «no saber dibujar» suele ser en realidad «no saber mirar todavía». Junto a ella, remito a mis alumnos avanzados a otros tres maestros. Harold Speed, en su tratado sobre la práctica y la ciencia del dibujo, sostiene que detrás de cada trazo hay una decisión razonada y no el azar; idea que enlazo con el encajado que trabajamos en clase, donde repito que «un buen dibujo es el producto de la inteligencia, no de la casualidad». George Bridgman es la referencia obligada al llegar a la figura humana, cuando reducimos el cuerpo a estructuras geométricas simples antes del detalle: el mismo método de encajado que enseño para tantear la ubicación de cualquier objeto sobre el papel. Y a Aristides lo recomiendo a quienes dan el salto al dibujo académico, con esa misma exigencia de construir la forma con criterio antes de copiar la superficie.

Para qué sirve el Dibujo Artístico fuera del papel

¿Por qué defender esta asignatura más allá de producir buenos dibujantes? Porque entrena capacidades que trascienden el papel: la percepción de las proporciones y las relaciones espaciales es, como explico en clase, una función del hemisferio derecho que comparten oficios tan distintos como la carpintería, la odontología o la cirugía. Quien aprende a encajar un bodegón entrena la misma facultad que necesitará para resolver cualquier problema visual.

No pretendo que mis alumnos lleguen al nivel de Miguel Ángel en dos cursos de bachillerato. Pretendo que se conviertan en observadores y descubran que existen tantas soluciones válidas a un mismo problema como personas dibujando. Ese es, para mí, el verdadero valor del Dibujo Artístico: no fabrica artistas en serie, forma miradas capaces de ver mejor el mundo.

Fuentes

  • Aristides, J. (2006). The figure drawing atelier: An instructional sketchbook. Monacelli Studio.
  • Bridgman, G. B. (1920). Constructive anatomy. The Journal of Art.
  • Edwards, B. (1979). Drawing on the right side of the brain. J. P. Tarcher. [Ed. española: Aprender a dibujar con el lado derecho del cerebro, Urano.]
  • Speed, H. (1917). The practice and science of drawing. Seeley, Service & Co.

Imágenes: The Metropolitan Museum of Art, Nueva York. Obras en dominio público bajo la política de Open Access del museo.

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