5+1 Artistas en femenino del realismo español
La pintura realista española mantiene una vitalidad que rara vez se refleja en los programas de los grandes centros de arte contemporáneo. Al margen de los circuitos institucionales que fijan la agenda crítica, persiste un tejido de artistas formados en un oficio exigente, cuya obra circula por galerías, ferias y certámenes especializados. Dentro de ese conjunto, la aportación de las pintoras resulta especialmente significativa: no constituye un capítulo aparte ni una categoría subordinada, sino una parte central de la evolución reciente de la figuración en España. Seis trayectorias permiten trazar un mapa aproximado de ese estado actual.
El paisaje como registro del tiempo
Iris Lázaro ha construido su obra alrededor del mundo rural de su Soria natal. Jardines, muros, raíces y espacios abandonados componen un repertorio que excede la descripción botánica o topográfica: la pintura funciona como registro de una realidad en transformación, atenta a lo que desaparece o está a punto de hacerlo. El dominio del óleo y una mirada deliberadamente serena producen atmósferas de cualidad casi onírica, en las que el paisaje cotidiano se convierte en territorio de reflexión sobre la permanencia y la pérdida. Su trabajo enlaza con la tradición paisajística española sin quedar limitado por ella.
La vigencia del dibujo académico
La obra de Amaya Gurpide representa una de las vertientes más sólidas del realismo actual, marcada por la tradición académica del siglo XIX y por su formación en Nueva York. Sus retratos y autorretratos, ejecutados principalmente con grafito, carboncillo y tiza sobre fondos cálidos y monocromáticos, persiguen algo distinto de la semejanza física: la psicología del modelo. La reducción de la paleta, los contornos difuminados y la delicadeza de las transiciones tonales generan una atmósfera íntima y atemporal, y demuestran que el academicismo admite una lectura plenamente contemporánea.

Carmen Mansilla parte igualmente de una formación sólida y del estudio directo de los clásicos —su trayectoria se forjó junto a Antonio López, José Sánchez Carralero y Vicente Desiderio, y se completó con una etapa en Florencia—, pero su producción reciente se distancia de la descripción estricta. La figura humana sigue en el centro, tratada con atención a la expresión, el movimiento y la relación entre el cuerpo y el espacio, mientras la pintura incorpora una mayor libertad cromática, cierta geometría y una simplificación formal creciente. Su caso ilustra cómo el realismo puede evolucionar sin renunciar a la representación.
Proyección internacional del retrato
La carrera de Miriam Escofet ofrece el ejemplo más claro de la vigencia internacional de la pintura figurativa. Su obra ha tenido presencia continuada en galerías y exposiciones de Londres, París e Italia, y forma parte de la Royal Society of Portrait Painters, en cuyas muestras anuales participa con regularidad. Su reconocimiento alcanzó especial relevancia con el encargo del Foreign and Commonwealth Office británico para realizar un retrato de la reina Isabel II, presentado en 2020. La difusión de su trabajo en publicaciones y portadas confirma que el retrato pintado conserva funciones de representación pública que ningún otro medio ha absorbido por completo.
Imagen construida, imagen investigada
Arantzazu Martínez plantea una concepción del realismo ligada a la imaginación. Su experiencia con el retrato por encargo le llevó a constatar que la representación de un modelo no bastaba para satisfacer sus inquietudes: pintar implica construir mentalmente una imagen y lograr que, además de verse, transmita una emoción determinada. De ahí el carácter narrativo y personal de su obra, en la que el dominio técnico de la tradición realista queda subordinado a una visión interior.
Concha Martínez Barreto sitúa su trabajo en el cruce entre realismo, memoria e identidad. Sus pinturas y proyectos parten de imágenes y experiencias personales para articular una reflexión sobre lo que permanece y lo que se desvanece. Esa dimensión investigadora ha obtenido respaldo institucional: la Beca de Artes Plásticas de la Región de Murcia (2018), la Beca de Producción Espai Rambleta por El verdadero viaje y la ayuda a la creación VEGAP S.O.S Arte/Cultura (2021). Su trayectoria emplea la imagen como herramienta de investigación sobre la experiencia humana.
Un conjunto sin escuela
Lo que vincula estas seis trayectorias no es un estilo compartido ni un programa común. Es, más bien, una misma concepción del oficio: la convicción de que la destreza técnica no es un residuo del pasado, sino el instrumento que hace posible decir algo. Ninguna de ellas practica la copia literal de lo visible; todas emplean la representación como vehículo de memoria, emoción o investigación. La genealogía española de esa actitud ha sido documentada con detalle por Valeriano Bozal, y su correspondencia con las corrientes figurativas internacionales puede rastrearse en el panorama trazado por Tony Godfrey. El reconocimiento institucional del territorio sigue siendo desigual en España, pero la solidez de las obras que produce hace cada vez menos sostenible su marginación.
Fuentes
- Bozal, Valeriano. Historia de la pintura y la escultura del siglo XX en España. Madrid: A. Machado Libros, 2013. 2 vols.
- Godfrey, Tony. La pintura hoy. Londres: Phaidon, 2010.